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Murió el caricaturista cubano Tomy
07-09-2010

Tomás Rodríguez Zayas (Tomy). Foto: Juventud
Rebelde
Por José Alejandro Rodríguez Juventud Rebelde
Se cansó ayer el intrépido corazón de Tomy, el gran caricaturista cubano. Sus
diástoles y sístoles no pudieron seguir marcando el compás de una vida tan
inquieta. Sus arterias desafiaron ese talento artístico imparable, que barrió
cuanta zancadilla se le atravesara.
El miocardio feraz de Tomás Rodríguez Zayas, ya fatigado de tanta entrega,
fue incapaz de emular con esa voluntad mítica que lo empujaba como un jinete
incansable del humorismo gráfico cubano desde aquella mañana en que, con el
monte y la tierra en sus zapatos, partió de su natal Barajagua y se apareció en
Juventud Rebelde con los sueños casi adolescentes de dibujar la vida y reírse de
ella. O al menos sonreírse, con mucha agudeza y hondura.
Tomy fue un artista insólito en el envoltorio de un impenitente muchacho
campesino. Un verdadero labriego de la belleza y la verdad. Y su inmensa obra
gráfica, que hace rato ancló en la posteridad, fue una cátedra silvestre sin
academias ni retoques: A pura vida, y con una sed de saber y sentir que fue
saciando autodidactamente por todas las guardarrayas y autopistas de este
mundo.
No escatimó su talento, así como fue fecundo en el amor y la amistad. Su
generosidad le hizo postergar muchos empeños mayores para embellecer la
inmediatez, el aquí y el ahora del periodismo, en el antológico DDT de Juventud
Rebelde, y en cuanta publicación cubana o foránea le incitara.
Más que laureado y respetado por tantos artífices del pincel, Tomy nunca dejó
de ser el eterno caminante de la caricatura, con esos silencios a cuestas que le
permitían observar el mundo para captar sus latidos. Y no hubo proyecto
artístico, político o social que le convocara y no lo tuviera en zafarrancho por
Cuba y por la Revolución. Hombre leal a toda prueba, fiel a sus ideas y a la vez
eterno inconforme hasta el resabio. Limpio de ambiciones y montaraz ante las
mediocridades y conveniencias.
Como en toda su vida, mostró mucha entereza y calma en todos estos días en
que estuvo internado en el Cardiovascular. Cada vez que le llamaba por teléfono
para darle ánimo, él terminaba convenciéndome de que disfrutaba una suerte de
«reservación turística» para descansar. «Chévere», como acostumbraba a decir. Y
soñaba, hacía proyectos ahora que se había jubilado del diario, para pintar sin
las urgencias, junto a sus dos hijos varones.
Aun cuando le falló ahora, habrá que bendecir siempre el corazón de Tomy, que
resistió tantos arrestos y lo llevó tan lejos y tan cerca a la vez. No lo
imagino yerto, sino caminando sudoroso por una vía celestial, urgido por llegar
a una nube y allí comenzar de nuevo a dibujar la vida.
Tomás Rafael Rodríguez Zayas (Tomy)
Natural de Barajagua, Holguín, 1949, se dio a conocer en el universo de la
caricatura cubana a finales de la década del 60.
Desde 1968 comenzó a trabajar en el periódico Juventud Rebelde y muy pronto
formó parte de la época dorada del Dedeté, el suplemento humorístico de ese
diario.
Sus trabajos como caricaturista, por los que mereció innumerables premios
nacionales e internacionales, sobresalieron en la temática política y el humor
general.
Tomy además incursionó en otros géneros de la plástica como la ilustración,
el diseño, la pintura, el grabado y el mural.
Entre sus reconocimientos se encuentran el Primer en Humor Político. Salón
de la Prensa, Porto Alegre, Brasil(1999), el del Certamen de Humor Gráfico,
Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, España (2000) y el Premio en sátira
política. Bienal de Bahía, Bahía, Brasil. (2001)
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